Deja de quejarte. No mereces ganar. | Mensaje para los jóvenes de mi generación.

En la actualidad, vivimos en un mundo con avances tecnológicos increíbles, contamos con una comunicación global en la palma de nuestra mano, cualquier información está a un clic de distancia, y por eso tenemos muchos más conocimientos que nuestros antepasados, racionalmente somos la generación más inteligente que ha existido, tenemos comodidades que nuestros padres y abuelos nunca soñaron, tenemos la cura a innumerables enfermedades que una vez fueron mortales, nuestra expectativa de vida es la más alta en la historia, y nunca habían existido tantas oportunidades para que cualquiera se pueda superar en cualquier sentido de la vida.

Sin embargo, somos la generación con más altos niveles de ansiedad, estrés, depresión, muertes por sobredosis, y suicidios. Pareciera que mientras más tenemos, menos sentido tiene nuestra vida. Mientras más se nos da sin haberlo ganado con nuestro propio esfuerzo, más indiferentes somos y más incapaces de apreciarlo.

Los jóvenes de ahora tenemos un grave problema. Por un lado, las facilidades que nos ha dado la tecnología nos ha acostumbrado a obtenerlo todo fácil y rápido. Quieres ver una película, lo haces en tu tiempo y en el espacio que prefieras; quieres comprar un producto fuera de tu país, lo pides y lo tienes en cuestión de días; quieres una cita, entras a un portal de citas, eliges el perfil que más te guste, haces el contacto y listo; quieres sentirte apreciado, publicas una foto en las redes sociales, y los likes y comentarios te hacen sentir valorado y reconocido por tus “amigos”.

Y sin darnos cuenta, a través de los años, todas estas pequeñas comodidades nos han ido convirtiendo en adictos a la gratificación inmediata, y lo que es peor, nos han convertido en la generación más perezosa de la historia. Porque nos acostumbramos a no tener que hacer prácticamente nada para conseguir las cosas que deseamos.

Y por el otro lado, y aquí es donde se pone realmente interesante el asunto, también somos la generación más ambiciosa de la historia. En un mundo de positivismo extremo, nos han metido en la cabeza que podemos lograr todo lo que deseamos en la vida, que somos merecedores de abundancia en todos los sentidos, y que tenemos el derecho incluso de faltarles el respeto a nuestros padres y a cualquier persona “mente cerrada” que no entienda nuestro sentido de merecimiento y nuestro incalculable potencial.

¿Y qué crees entonces que sucede cuando estos jóvenes perezosos, malcriados, rebeldes, egocéntricos, indiferentes y con un enorme y delirante sentido de merecimiento salen del nido de sus padres a enfrentarse al mundo real? Fácil, se encuentran con que la peor combinación para ganarse la vida y progresar es ser perezoso y al mismo tiempo creerse merecedor de lo que no se ha ganado a través de un real esfuerzo y sacrificio.

Que para alcanzar el nivel de éxito que aspiran, o tan sólo para sobrevivir y tener una vida decente, necesitan desarrollar una ética de trabajo totalmente desconocida para ellos, y aún más difícil que eso, necesitan bajar la cabeza en el proceso y cultivar humildad para evitar ser rechazados por las personas que les pueden facilitar o dificultar el camino de su superación.

Los jóvenes de ahora renuncian a trabajos luego de sólo meses de haber ingresado, porque sienten que no reconocen todo su potencial (sin haberlo demostrado aún), o sienten que no están creciendo a la velocidad que deberían o que no están logrando un cambio importante allí (habiendo estado sólo algunos meses en la empresa), o se van simplemente porque no llenan todas sus expectativas y sus altos estándares personales.

Y las consecuencias negativas de los ambiciosos/perezosos de esta generación no sólo se tienen en el mundo profesional, también les afecta en todas las áreas de la vida en las que se pueda progresar. Hoy hay tantos jóvenes sin pareja, por ejemplo, aun deseando encontrar una, porque nuestra tolerancia está por el suelo, y es típico escucharles decir con orgullo “Yo no le aguanto nada a nadie”, y por eso incluso si llegan a tener una relación con la persona ideal para ellos terminan dejándola por razones insignificantes, y se la pasan de relación en relación intentando encontrar al hombre o a la mujer perfecta, porque “es lo que merecen”.

Así mismo comenzamos un proyecto, y lo dejamos por mitad, porque nos damos cuenta de que requiere más trabajo, sacrificio y disciplina de la que habíamos imaginado. Así mismo empezamos a llevar una vida más saludable y desistimos en poco tiempo, comenzamos a trabajar en nuestra espiritualidad y nos cansamos. Y así con tantas otras cosas.

Pero la peor consecuencia de que mi generación sea de esta forma es que la felicidad se convierte cada vez en algo más superficial y efímero. Imagina toda una generación que dependa de la cantidad de likes en una foto publicada para sentirse feliz, o que pierda la paciencia porque su celular tarde dos segundos adicionales en responder, o que deje de disfrutar momentos importantes en su vida porque está muy ocupada grabándolo todo de la manera más perfecta para publicarlo luego, pues es más importante para ella que otros crean que la pasó bien, que en realidad haberla pasado bien.

Trabajamos y ahorramos por un tiempo considerable para comprarnos el último modelo de celular, y el entusiasmo nos dura dos días, y sólo nos queda la ligera y desacertada satisfacción de sentirnos por encima de los demás que no lo tienen. Cada vez más ponemos nuestra esperanza de felicidad en cosas más superficiales. Alcanzamos una meta importante en un proyecto, y lo disfrutamos por unas horas. Porque nos hemos habituado a la dosis constante de dopamina por pequeños gustos y placeres sin mucho sentido que, al igual que un drogadicto, nos volvemos insensibles a cosas de menor placer pero de mayor valor, pues sólo buscamos nuestra próxima “dosis” lo más rápido posible.

Yo sé que no es tu culpa, nacimos en el momento del cambio socio-económico más profundo en toda la historia de la humanidad. Las reglas del juego se han ido modificando drásticamente. Sé que es frustrante, que a veces te sientes desconcertado, impotente y perdido. Sé que no es fácil crecer, progresar, evolucionar, y sentirse feliz bajo condiciones desconocidas y en un mundo distinto al que esperabas, lleno de injusticias, sorpresas y cambios. Sé que hemos tenido muchas situaciones en contra, y que hay razones lógicas por las que somos como somos.

Pero quiero pedirte que dejes de quejarte, y andar por la vida lamentándote y criticándolo todo como si el universo estuviera en deuda contigo. El universo no te debe nada, ya se te ha dado demasiado. Somos nosotros quienes le debemos todo, comenzando por el milagro de estar vivos, y más en un tiempo como éste.

Sí, hay algunos que nacen en la orilla del agujero, y otros que nacen en el fondo del agujero. Gran cosa. Nadie dijo que la vida iba a ser justa. Los que nacen más arriba, con mejores oportunidades, bueno, tendrán que escalar menos, y los que nacen más abajo, pues tendrán que escalar más. ¿Pero adivina qué? Mientras más abajo te haya tocado empezar, y mientras más esfuerzo necesites para salir de tu situación y mejorar tu vida, más satisfactoria será tu victoria, más apreciación sentirás por las cosechas que tengas y más sabiduría habrás acumulado que cualquiera de los que iniciaron más aventajados que tú.

Así que adelante, toda la energía de la queja, la crítica y el lamento, redirígela hacia el proyecto más profundo, valioso y significativo para ti, el que le va a dar sentido a tu vida, el que te hará feliz por el simple hecho de sentir que avanzas hacia él. Rompe con el patrón de felicidad superficial y de merecimiento inmerecido de nuestra generación. Y aprovecha tu ambición, tu inteligencia, tus habilidades tecnológicas, tu alta autoestima, tu creatividad y sentido de innovación, y todas las demás virtudes propias de nuestra generación, para salir adelante, alcanzar la vida que quieres, pero principalmente para ser genuinamente feliz y para hacer felices a los que te rodean.

Soy Roberto Nova, disfruta la vida, desarrolla tu máximo potencial, y comienza a dar los pasos para dejar un legado de un mundo mejor. Bendiciones.

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